#UnNuevoSistema

comunicación, educación, filosofia, noticias

el hombre del sombrero rojo

Algo no ha ido bien, creo que nos ha quedado claro en todo lo que ha pasado en los últimos meses.

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.” A. Einstein

También, se ha hecho evidente, el potencial que tenemos tod@s junt@s.

No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias. M.Gandhi

En mi caso, cada vez tengo más oportunidades de estar y compartir con personas su talento, ideas, conocimientos, (o cada vez estoy más atenta ;-)), imagínate lo que podemos hacer tod@s juntos…

“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.” A. Einstein

Tómate tu tiempo, hazte un examen de conciencia, sincero, contigo mismo, de lo que realmente eres, tu día a día, lo que te gustaría verdaderamente, como vives, sientes, entiendes, comprendes, disfrutas, ríes, aportas

Prueba, desarrolla tus talentos, aficiones, saca lo mejor de tí.

Ahora suma: lo mejor de tí, de aquel, de la vecina, el de al lado…

¿No somos los animales más inteligentes del planeta?

El que no tiene conocimientos en un área, lo tiene en otra, funcionemos como equipo.

Ya sabemos lo que ha habido hasta ahora, por qué no probamos algo nuevo, mira, observa, está surgiendo algo, diferente y mucho más fuerte, un sentimiento de UNIÓN, de CAMBIO

¿Por que no vamos hacia algo que verdaderamente queramos?,

observa desde fuera como fluye la RED, como nos agrupamos de forma natural…

Hasta el momento ningún gobierno, ha representado a la totalidad.

Tampoco ningún gobierno en el que pudiera participar la totalidad.

Tenemos igual derecho a ser diferentes.

Tenemos la OPORTUNIDAD de vivir,

estamos AQUÍ, AHORA,

compartimos EXPERIENCIAS,

somos INTELIGENTES,

¿Y si lo hiciésemos como una sola MENTE (gobierno)?

¿y si fuésemos NEURONAS (diputados)? especializadas…(intereses, conocimientos, aficiones…)

que se apoyan todas entre ellas para que el cuerpo funcione?

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#UnNuevoSistema por Keka Delso

En un día como hoy…(Aprender a desaprender)

comunicación, educación, filosofia, noticias

Fuente de la imagen: Tuillo

Los avances de la ciencia nos han permitido un logro increíble: poder desestimar millones de ideas en las que un día creímos a pies juntillas. Lo dice Eduardo Punset en su libro El viaje al poder de la mente. En él plantea que no somos conscientes todavía de lo que implica para nuestro futuro poder echar por la borda gran parte de lo conocido hasta hace muy poco. Y menos todavía, asimilar que mucho más útil que aprender empieza a ser desaprender determinadas cosas.

El mundo gira a un ritmo tan vertiginoso que todos los días desestimamos una idea que un día fue importante, pero rechazamos desaprender algo que habíamos aprendido. Todo ocurre tan rápido que apenas nos da tiempo a pensar en ello, pero la realidad es que el mundo se equivoca un día sí y el otro también. Muchas de las cosas que nos han servido hasta ahora han dejado de ser útiles, sin embargo demasiadas de ellas siguen estando vigentes. El neoliberalismo no funciona, pero sigue mandando en los mercados. Europa es una entelequia económica, pero el país más poderoso del viejo continente, Alemania, puede cambiar la Constitución española por sus razones económicas. Aunque ninguna de las dos cosas sirven para mejorar la vida de los ciudadanos, nadie parece dispuesto a discutirlo.

Ha habido que esperar varios siglos para llegar a un convencimiento tan deslumbrante como el que propició Copérnico al descubrir que el universo no giraba en torno a la tierra: el mundo hace ya tiempo que dejó de girar en torno al hombre, que tiene ahora un papel muy secundario en esta sociedad globalizada. Hemos pasado de ciudadanos a consumidores de una economía insaciable, por eso es más importante atender la sed de dinero fresco de los mercados que las graves hambrunas de Somalia. Si la única alegría del mundo es comenzar, que diría Cesare Pavese, a esta sociedad le está haciendo falta un nuevo inicio para poder desaprender parte de lo aprendido.

Este verano de Libia, de la prima de riesgo, de The News of the World, de Strauss-Kahn, de Amy Winehouse, de la SGAE, de las elecciones anticipadas, de anticipar el anticipo, de las reformas de Zapatero, de la Fiesta del Pulpo de Rajoy, de la visita del Papa y del dedo en el ojo de Mourinho, hemos desaprendido algunas cosas que sabíamos de dictadores, de economía y del periodismo británico. También de las ideologías, de las de derecha y de lo poco que va quedando de las de izquierda. Del fútbol, de las élites políticas, de las religiosas y de los mitos musicales. Hemos aprendido que cada día ocurre algo importante, que al día siguiente no tiene casi importancia alguna. Por eso, hasta las urgencias, en época de crisis, tienen ideología. Va un ejemplo: al Gobierno le da tiempo a reformar la Constitución pero carece de él para imponer un impuesto a las grandes fortunas, que son siempre igual de afortunadas. Si la historia se entiende mejor desde la distancia, nadie entenderá leyendo los periódicos de la época qué evitó que el mundo al inicio del siglo XXI no pegara un reventón y saltara por los aires. Y no me refiero a los mercados, sino a las personas.

El presente discurre a toda velocidad en el parqué bursátil. Las ideologías chocan cada mañana contra el índice Dow Jones. Los bancos rescatan a los bancos. Luego los Gobiernos rescatan a los bancos rescatadores. Y ahora los Gobiernos rescatadores son rescatados por otros Gobiernos a los que cualquier día habrá que también que rescatar. El verano que hemos vivido peligrosamente concluye sin que hayamos desaprendido lo bastante para no volver a caer en los mismos errores. El mundo vuelve a equivocarse, como lo ha hecho tantas y tantas veces a lo largo de la historia. Esto no tiene más solución que echar por la borda gran parte de lo que hemos conocido hasta ahora.

Artículo original: Aprender a desaprender JOSÉ MANUEL ATENCIA

Fuente: El País

CC: Construcción Colectiva, las personas transforman la sociedad

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Faros, corto producido por Ernesto van Peborgh y dirigido por Mariano Llinás, muestra la visión de seis emprendedores sociales de diversos países de Latinoamérica, que de manera incansable resuelven problemas a gran escala en sus comunidades.

Personas que confirman que la confianza y la responsabilidad sacan lo mejor de cada uno. Y con ese poder comunitario generan un cambio revolucionario.


ver documental

Faros por evanpebo

+ Info: El Viaje de Odiseo

Al encuentro de los “buscadores de optimismo”

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Y la importancia de rodearse de gente positiva

Nuestra actitud se ve influenciada por la corriente de todos aquellos que nos rodean: familiares, amigos y compañeros trabajo. ¿sabes que rodearte de gente optimista y proactiva aumenta tus posibilidades de éxito personal y laboral?

Hoy he despertado con la noticia en la prensa de que Emilio Duró, prestigioso consultor de prestigiosas empresas nacionales e internacionales, va a impartir una conferencia en Burgos el próximo día 26 acerca de la motivación, la ilusión y la felicidad.

Me han venido a la mente algunas de las conferencias que había visto suyas a través de internet y he querido aprovechar un artículo para opinar y que opinéis sobre un aspecto que me parece básico hoy más que nunca inmersos como estamos en la actual situación económica y social: el ser optimistas y positivos en la vida.

Creo que el principal medio para conseguir ser cada día optimista con lo que cada uno hace es a través de la gente y el medio que le rodea.

Muchas de las personas que hoy triunfan en la vida, que logran sacar adelante un negocio, una familia o una situación adversa se ve claramente influenciada por gente optimista, alegre y emprendedora. Esta gente positiva, que mueve cada día el mundo le irradia a uno de “vitalidad” positiva que en definitiva es lo importante.

Así mismo, todo conocemos también a gente pesimista y negativa. En nuestra familia o por la calle a veces podemos hasta conocerlos por una simple mirada. En nuestro trabajo, un lugar donde confluyen tantos tipos distintos de personas y de sentimientos y en donde pasamos largas horas de trabajo, es un lugar clave donde un ambiente negativo perjudica muy especialmente a cada uno de nosotros.

Si lo pensamos, seguro que nos acordamos que después de mantener una conversación con alguien que sólo comenta aspectos negativos de los demás, que habla sólo de noticias trágicas o que ante cualquier situación lo mira siempre desde un prisma de decepción, puede dejarnos llevar por una sensación de oscurantismo y negatividad que a su vez y a veces hasta de forma inconsciente, transmitimos a otras personas de nuestro entorno.

Tenemos que ser hábiles para rodearnos de personas fuertes emocionalmente, que buscan siempre soluciones ante cualquier dificultad, que no se paran a pensar en lo negativo de aquello que les sucede, sino que aspiran a encontrar lo beneficioso hasta de lo que parece que todo es malo. Yo los denominaría como los “buscadores de optimismo”. Estas personas a mí me reconfortan emocionalmente, te hacen ver la vida de forma enérgica y llena de vitalidad, minimizando los problemas y buscando una mejor posición desde la que vislumbrar la posible solución.

Esta es la gente que necesitamos hoy y de ellos aprender para ponerlo en práctica día a día. De ellos nace el emprendimiento, las ideas y la genialidad en esta época que vivimos. Proyectando esta grandeza a personas que como yo, comienzan un nuevo camino empresarial, y te animan a seguir con decisión y valentía ante los nuevos retos que se avecinan.

Autor: Pablo Orcajo

Fuente: pabloorcajoinformatica.com

El arte de amar y hacerse amar

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Original,ameno, práctico, aporta a lo largo de su lectura,técnicas para la comprensión de los conceptos.

Introducción del libro:

Amar a una persona es… tenerla sin poseerla; darle lo mejor de uno mismo sin pretender nada a cambio; desear estar con ella y temer perderla, sin ser celosos; necesitarla sin depender de ella; ayudarla sin esperar su gratitud; estar ligados a ella, siendo libres. Para conseguir todo esto lo más importante es… …aceptarla como es, sin pretender que sea como quisiéramos.

lo puedes encontrar en: El jardin del Libro

Relaciones Tóxicas II

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Baja autoestima, temor a la soledad, a lo que vendrá después de terminar un noviazgo o un matrimonio, son algunas de las razones que llevan a que muchas parejas se encierren en una espiral nociva, bajo el pretexto del amor.

ES COMÚN encontrar personas que a pesar de aceptar que sus relaciones son un auténtico infierno, reconocen, asimismo, que son incapaces de terminar con ellas. Este tipo de relaciones se definen como tóxicas, por los daños que ocasionan en quienes participan de ella.
si estás inmerso (o inmersa) en un vínculo de pareja que te produce mucha pena y desdicha y poca alegría y buenos momentos, que en ciertos momentos te hace sentir que de algún modo llegas a desdibujarte como persona en pos de mantener una armonía o una comunicación ficticias, es bien probable que formes parte de una relación tóxica. Determinarlo te será de suma utilidad para desactivarla y acceder a una vida emocional más satisfactoria”.
Una relación tóxica es aquella en la cual una o las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan dicha y placer por estar juntos. Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación.
Este tipo de vínculos provocan más insatisfacción que felicidad, y la sensación de bienestar que pueden proporcionar en escasos momentos es muy efímera ya que, para vivenciarla, es necesario silenciar o pasar por alto ciertas cosas que, de darles la importancia que efectivamente tienen, causarían un profundo dolor e incluso llegarían a poner en peligro la continuidad de la pareja.
“Ten presente que nada bueno puede surgir de uniones entre personas que generan actitudes y emociones lacerantes que nublan tu capacidad de alcanzar la plenitud emocional que te mereces. Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación tóxica nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden”, señaló Meiler.
El camino al infierno afectivo
¿Qué lleva a que una persona se involucre en una relación dañina? Según Meiler, las razones son varias, por lo que es importante analizarlas una por una.
La baja autoestima. “Si nuestras creencias están basadas en sentir que no somos merecedores de la atención, el respeto o el amor de otra persona, quien aparezca será considerado (o considerada) nuestra tabla de salvación, a la que nos aferraremos con uñas y dientes porque sin esta persona, ¿quién nos querrá? O ¿quién pagará nuestras cuentas? O ¿quién nos cuidará?”.
Creerse salvador. Similar al primer punto, cuando una persona fantasea que puede cambiar a su pareja, que ha llegado a su vida para que se transforme en un ser completamente diferente, más amoldada a los deseos propios, es un camino directo a la infelicidad. “Podemos ayudar a que otras personas cambien rasgos de su personalidad que les molesten, siempre y cuando se den cuenta de que este cambio los favorecería, decidan hacerlo y además quieran que los ayudemos. Lo que sí tenemos es la capacidad concreta de lograr que se produzcan cambios asombrosos en nosotros mismos si así lo deseamos: esta capacidad es innata, por lo que nada ni nadie podrá privarnos de ella nunca. Es sólo cuestión de tomar la decisión de hacerlo y poner manos a la obra”.
La urgencia de muestras de cariño. Este tipo de deseo imperioso es muy mal consejero, y se suma a la necesidad de suplir carencias profundas. A veces da como resultado el tolerar cualquier cosa por un poco de lo que se cree es cariño, pero que en realidad encubre otro comportamiento de fondo, como, por ejemplo, el abuso o la falta de respeto.
Compañía a cualquier precio. El miedo a la soledad es el paso preliminar hacia una posible relación tóxica ya que, por este precepto, se hace cualquier cosa con tal de no estar solo, incluyendo soportar el abuso o los daños de una pareja por el simple temor a estar solo.
Aburrimiento. La búsqueda de nuevas sensaciones, de una manera de alejarse de la monotonía o de la rutina puede hacer que sólo se vea una faceta de la personalidad de quien lo atrae, la divertida y agradable que le saca del letargo en el que estaba, y no se logra visualizar el resto de la personalidad la pareja, en la cual hay comportamientos tóxicos que en un principio no se identificaron.
El miedo a seguir avanzando en la vida. “Si tenemos un vínculo con una persona que nos pone frenos o nos cercena en nuestro crecimiento y nos estancamos en cierta área de nuestra vida (ya sea personal, laboral, espiritual o profesional) ¿no somos nosotros mismos quienes aceptamos quedarnos en una zona conocida en vez de crecer, desarrollarnos, cambiar y superarnos? Tal vez ésta ha sido tu ganancia secundaria y por eso has sostenido este tipo de comunicación por más tiempo del que quisiste o creíste poder soportar”.
Merlina Meiler, experta en Coaching y Programación neurolingüística,

Relaciones Tóxicas I

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Las relaciones tóxicas envenenan el cerebro social, afectan la salud, la autoestima y hasta el derecho a la felicidad. El cerebro del niño al nacer es una página en blanco, su cerebro social estará condicionado por el tipo de relaciones que genere a lo largo de su vida.

7 inteligencias estarán a su servicio: verbal- lógica- espacial- musical- plástica – interpersonal e intrapsíquica. La inteligencia emocional es conocerse a sí mismo y al otro, conducir las relaciones, saber escuchar, resolver conflictos y crear empatía.

Sinergia social.  El crecimiento individual y del cerebro social dependen del ambiente. El lazo social entre los individuos afecta al tejido social. Hay encuentros que potencian la energía y la alegría mientras que otros las rebajan. Sinergia es la interacción del todo con las partes, si las partes armonizan el todo las supera. Cuando la sinergia es positiva 1 más 1 puede ser 3 y  si es negativa 1 mas 1 puede dar cero, como en el caso de las parejas en conflicto.

Cualquiera puede generar conductas destructivas ocasionalmente, pero hay quienes las provocan siempre. Las personas tóxicas son hábiles para ocultar su patología y así trepar en la escala social y en los lugares de poder. Adolph Hitler o Ben Laden, lo hicieron

Tipos de relaciones. La relación  ideal entre las personas es ganar-ganar: yo gano y tu ganas.  La relación tóxica se manifiesta como ganar-perder o perder-perder. Confucio sugirió  que al convivir con gente buena trates de imitarla, pero si convives  con gente mala debes examinarte a ti mismo. El individuo tóxico no aprecia al otro, lo manipula por la asimetría de la relación o presentando sus decisiones arbitrarias como necesarias.

Los que son manipulados acceden a este juego siniestro por diversas causas:

Baja autoestima. Se preguntan: “sin esta persona, ¿Que sería de mi vida?”

Salvadores. Otra fantasía predominante es que podrán cambiar a esa persona.

Rol de víctima. Dicen: la vida me puso en esta encrucijada. No tengo otra salida.

Necesidad de cariño. Toleran cualquier cosa: uso, abuso, egoísmo, maltrato, falta de respeto por un poco de cariño. Porque te quiero te aporreo.

No soportar la soledad.  Pagan cualquier precio con tal de estar acompañados.

El aburrimiento. Intentan salir del hastío de una vida a la que no le encuentran sentido.

Deseo  de cumplir un rol social. Quieren ser esposos, madres, padres, amantes.

Miedo a enfrentar la profesión. Sienten temor a encarar los desafíos de la vida.

Difíciles de superar. Los vínculos tóxicos son patologías difíciles de erradicar. El sádico disfruta haciendo sufrir y el masoquista disfruta de sus torturas. Ve la vida como una cadena de sufrimientos y no como un haz de oportunidades. Las personas fuertes buscan perfiles débiles  y los débiles son atraídos por ellos. Así no tienen que decidir, se sienten protegidos y son como espectadores que no asumen riesgos.

Pero el que no hace  lo que debe lo pagará luego. Hay una ley ineludible: no hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla. La deuda la contraen con su banco interno, es el que les presta la energía.

El test de las relaciones. Toda buena relación comienza con la inteligencia emocional. Si sembramos mensajes positivos, recogemos relaciones nutritivas. El radar que nos conecta depende de una brújula interior que interpreta las vibraciones. Las vibraciones negativas son: inseguridad, desconfianza, dependencia, falta de alegría, sentirse víctima, incongruencias, hostilidad, buscar el amor sin amarse a sí mismo. Las vibraciones positivas son de  seguridad, autoestima, independencia, esperanza, aprecio a la vida, paz, felicidad, responsabilidad y capacidad de dar amor.

Hay gente que no puede  cambiar y la vida es corta para reiterar conductas fallidas. Aprendamos como funcionan esas personas tóxicas. El monologuista, sólo habla él, no escucha, es muy aburrido. El autorreferencial, sólo habla de sí mismo y provoca desinterés. Más peligrosos son los  que nos aplastan, nos mienten y los  que lucran con nuestras necesidades afectivas.

Catálogo de relaciones tóxicas. Se incluyen, entre otros, el parlanchín, el chismoso, el cortante, el culpógeno, el apuñalador, la víctima, el mediocre, el bromista, el matón rencoroso,  el mentiroso, el entrometido, el fanático, el presumido, el competidor, el maniático del control, el envidioso, el acusador, el violento y el sabelotodo.

Claves para evitar relaciones tóxicas.

1- Identificar los síntomas que esa compañía nociva nos produce.

2- Quitarles su poder, escapar de ellas, no permitirles el acceso a nuestra intimidad.

3- Si se debe convivir con ellas,  abstraerse mentalmente de su presencia y acciones.
4- Simular que se les presta atención cuando, en realidad, se esfuerza por ignorarlo.
5- Neutralizarlo amablemente. Su afán de lastimar decrece si ve que carece de efecto.
6- Focalizarse en las cosas positivas  para superar los malos momentos.
7- Tener un identificador de llamadas para evitar el contacto.
8- La actitud positiva es siempre una elección. Así se puede contrarrestarlo.
9- Poner límites y reglas de convivencia.
10- No dejar pasar por alto esas actitudes porque extenderá la toxicidad al ambiente.
Usted también puede ser tóxico. Por eso no haga a los demás lo que no desea que le hagan o mejor todavía: trate a los demás como les gusta ser tratados

Nadie está condenado. El cerebro tiene cambios asombrosos. La neuroplasticidad es la respuesta que el cerebro brinda al estilo de vida. Los que hacen siempre lo mismo obtienen los mismos resultados y traban su empowerment, el poder interior.

Podemos cambiar un vínculo preparándonos, rompiendo con el rol que hasta ahora aceptábamos (salvador, maltratado, perdedor, sumiso). El otro cambiará su postura ya que no encontrará eco. Este cambio de conducta desactivará el poder que posee.

Hay dos palabras poderosas: “Sí” a todo lo que nos da poder de realización, “No” y poner límites a los que fabrican patologías para apoderarse de nosotros. La vida es maravillosa eligiendo buena compañía y huyendo de quienes nos intoxican. Desintoxicarnos es la ciencia que debemos aprender para escaparle a la estupidez. 

Se puede hacer inteligente la pasión. Como en el ajedrez somos piezas del tablero social en interacción con otras piezas y con las reglas del juego. Un peón puede ganar una partida si está bien relacionado. El principio clave es que solo no se puede, que formamos parte de grupos cuyo éxito será el nuestro. Aprendamos entonces a generar conductas donde los errores se conviertan en guías del aprendizaje social. El test de la excelencia de nuestro cerebro social es estudiar nuestra producción los grupos en que actuamos. Consolidemos el capital social que creamos en nuestra vida: “dime con quién andas y te diré quién eres, dime quiénes te acompañan y te diré adónde te diriges”.

No sientas culpas, no pongas excusas, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Nunca preguntes por quién doblan las campanas, las campanas doblan por ti.

Horacio Krell.

fuente:ILVEM

La Auto-observación según Gurdjieff

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La auto-observación es un poderoso método no solo para realizar un estudio de nosotros mismos, sino como trabajo hacia la transformación de sí. Es la mejor aproximación para comenzar una relación completamente nueva con nosotros mismos. La observación de sí, tal como la describe Gurdjieff, es un camino íntimo hacia nuestra propia mente, cuerpo y espíritu, que nos permite experimentar nuevos niveles de consciencia, armonizando así nuestras vidas.

Gurdjieff dice que debido a nuestros condicionamientos y a la educación, la mayoría de nosotros vive una vida mecánica y ordinaria. Inconscientes de nuestro potencial real, nuestra esencia, nos pasamos la vida identificados con la personalidad, con la imagen creada de nosotros mismos y con cualquier pensamiento, sensación, sueño o emoción que captura nuestra atención en un determinado momento. Vivimos la ilusión de ser los maestros de nuestras vidas debido a que ponemos la sensación de YO rápida y mecánicamente en cada impulso que aparece, especialmente en aquellos que apoyan la imagen que tenemos de nosotros mismos. De esta forma no somos conscientes de nuestra fragmentación interna, de nuestra carencia de voluntad y elección como resultado de dicha fragmentación.

Nos perdemos a nosotros mismos a cada momento de nuestra vida, lejos de estar en contacto con la Totalidad que nos pertenece. La visión de Gurdjieff sobre la auto-observación provee un punto de partida excelente para todo aquel que busca un entendimiento más profundo de sí mismo.

El esfuerzo fundamental del Trabajo es el observarse a sí mismo tal como se es, intentando ser testigos, estar presentes de cualquier cosa que suceda en el momento. Se debe intentar descubrir en nosotros mismos una atención que pueda dilucidar si lo que estamos experimentando en el momento es un pensamiento, una sensación, un sentimiento, o la combinación de estas u otras funciones. Debemos intentar observar nuestra identificación con los hábitos, incluyendo los sueños, la imaginación, la charla interna, etc., y verificar nuestra carencia de unidad interna. En el intento de auto-observación, que a menudo requiere ir en contra de los hábitos para verlos más claramente, es importante recordar no juzgar o analizar lo que vemos.

De acuerdo a Gurdjieff, el juicio o el análisis nos empujará dentro de un círculo vicioso de identificación con el contenido de nuestra consciencia, especialmente con nuestras propias reacciones a lo que observamos, consumiendo así la atención disponible para continuar con el trabajo de la observación. Si a pesar de nuestras mejores intenciones, aparece dicho juicio o análisis, éste debe ser incluido en el trabajo de auto-observación. El Trabajo invita a ser un científico cuyo objeto de observación somos nosotros mismos.

La observación de sí debe abarcar, no solo el proceso mental o psicológico, sino los procesos y energías del cuerpo físico. Según Gurdjieff, el YO SOY, nuestra presencia real, solo puede despertar al enraizar nuestra consciencia en la sensación viva del cuerpo. La observación de sí depende finalmente de la apertura a una energía superior, a una consciencia más alta y ello comienza con el mantenimiento voluntario de la atención disponible en nosotros sobre nuestro propio estado somático en el momento. Gurdjieff deja claro que solo cuando nuestra atención ordinaria está activamente ocupada en experimentar el momento presente que la consciencia a esta energía superior puede aparecer, una energía que nos relaciona simultáneamente con nuestro mundo interno y externo.

Por lo tanto, el punto inicial de la auto-observación debe ser el conjunto de la sensación corporal. Y es a través de esta sensación, que podemos discernir los diferentes movimientos y energías de nuestras propias funciones internas. Sin la estabilidad de esta sensación, los esfuerzos en el trabajo de la observación de sí se tornarán rápidamente en identificación con cualquier cosa que nos atraviese.

Auto-observación y niveles de sensación:
La sensación puede ser experimentada en diferentes niveles, dependiendo del grado de atención y relajación de cada uno. Estos niveles son:

+La sensación automática y superficial de los dolores.
+La sensación más sutil de la temperatura, el movimiento y el tacto.
+La sensación de hormigueo de la totalidad de la piel.
+La sensación compacta del peso y la forma del cuerpo.
+La sensación vívida de la estructura interna de la fascia, músculos, órganos, huesos, etc., incluyendo las tensiones.
+La sensación vibrante e integradora de los campos energéticos del cuerpo y los circuitos que conectan todas las funciones del ser.
+La sensación profunda y acompasada de espacio y silencio que se encuentra en el corazón de nuestro ser somático. Esta es una etapa crucial en el trabajo de auto-observación porque sólo experimentando la sensación como ambos, espacio y silencio, que podemos abarcar la totalidad de nosotros mismos. Es en este “abarcar” que comienza la transformación de uno mismo.

Sin embargo, para algunas personas que realizan este trabajo de observación de sí, la observación de su cuerpo rara vez va más allá de la proyección mental de la sensación. Para otras, ello envuelve solo la sensación de la piel o de las tensiones más superficiales. Todo esto es comprensible porque ir más profundo dentro de nuestro organismo significa abrirnos a nuestra vida interna, a las fuerzas reales que nos mueven. Estas fuerzas incluyen, no solo nuestras aspiraciones, esperanzas o potenciales más profundos, sino también el miedo, la pena, la ansiedad, el dolor y el trauma que resuena en la compleja interrelación de nervios, huesos, músculos y vísceras que llamamos nuestro cuerpo.

A pesar de que el método de observación de sí es una poderosa herramienta de auto-estudio, el aprendizaje de abrirnos a nosotros mismos conlleva algo más que la aplicación de técnicas o ejercicios. Se precisa conocimiento, sinceridad y sensibilidad. Tenemos poca consciencia directa de las operaciones de nuestro cerebro y sistema nervioso, exceptuando su reflejo en los tejidos, estructuras y movimientos de nuestro cuerpo. Generalmente, la práctica de la atención difícilmente alcanza más allá de las capas más superficiales de tejidos, órganos y músculos condicionados por años de inconsciencia, negatividad y mal uso. El cuerpo, en especial las vísceras, se ha convertido gradualmente en almacén acorazado de experiencias no digeridas e impresiones difíciles de confrontar. En un acto de supervivencia, nuestro sistema nervioso cierra las puertas a estas experiencias a través de una especie de amnesia orgánica. Pero mantenerlas cerradas consume una enorme cantidad de energía y desarmoniza niveles profundos de nuestro ser.

Auto-sensar y escucha:
En la práctica de la auto-observación es importante saber dónde parece pararse la atención, dónde no puede ir más allá. Estos es posible a través del llamado “auto-sensar”, una clase de ver y escuchar internamente en la cuál, uno comienza con la sensación y receptividad en los ojos y oídos, incluyendo las impresiones que éstos reciben, y permitiendo esta sensación y receptividad expandirse gradualmente a través de todo el cuerpo. Esta expansión debe incluir nuestros músculos voluntarias y el esqueleto, así como el corazón, los pulmones, el diafragma, los órganos digestivos, los genitales y demás. Es en estos lugares donde se mantienen los patrones más profundos de nuestras energías, la fuente real de nuestra conducta. Aquí se reflejan también las manifestaciones físicas (especialmente las tensiones innecesarias y contracciones que, como Gurdjieff dice, consumen la energía necesaria para el Trabajo) de nuestras propias barreras a la totalidad.

Así, se puede comprender que la llave del auto-conocimiento y de la auto-transformación se encuentra en nuestros sentimientos y emociones. Gurdjieff deja claro que nuestros sentimientos y emociones son los caballos que conducen el carruaje de nuestro cuerpo. Ellos dan forma y reflejan nuestras relaciones y actitudes hacia nosotros mismos y hacia el mundo. A medida que continuemos con este trabajo de auto-sensar, podremos ver que ciertos tipos de sentimientos nos abren, permitiendo que nuestra consciencia se mueva libre en el organismo, mientras que otros nos cierran, dejando a la consciencia y a las impresiones fuera. Podemos también comprender que la observación y el estudio real de las emociones no son un proceso mental o psicológico, sino físico. Puede parecer imposible ir más allá en nuestra consciencia de una barrera.

Debemos de retirarnos un poco y permitir que la sensación de esta barrera sea más profunda. Cuando traemos la atención a la sensación previa de facilidad, el sistema nervioso puede relajar un poco de su control y alguna de las tensiones puede comenzar a disolverse por sí misma. Podemos también permitir que la atención se mueva hacia partes de nosotros mismos que estén más libres y relajadas. Entonces, simplemente permitimos que esta sensación de facilidad y confort se expanda a las partes del cuerpo que están más tensas. En cuanto algunas de las tensiones más superficiales comiencen a disolverse, es posible observar niveles orgánicos de tensión más profundos y sentir las emociones y las experiencias asociadas con ellas. Realizando este trabajo de auto-sensar, es importante aproximarnos a nosotros mismos con suavidad y compasión. Nos ha llevado muchos años el ser lo que somos hoy y es casi imposible ver o romper nuestras barreras (buffers) a la totalidad por la fuerza o la imposición. También, según Gurdjieff, liberarnos de todas estas barreras o buffers de repente podría ser una experiencia intolerable que nos llevaría a vivir en un caos, debido a que veríamos de repente cómo somos en realidad. Lo que se necesita es una apertura sin forzar lo que estamos viendo en el momento, un profundo movimiento interno de bienvenida hacia cualquier cosa que aparezca.

A través de sentir estas manifestaciones, abriéndolas tal como estuvieren, al alcance de nuestra atención, podremos comenzar a ver y transformar esas experiencias e impresiones, tanto del pasado como del presente, que se hallan encerradas lejos del alcance de nuestra consciencia. Que el método de auto-observación sea un camino íntimo sólo es posible si estamos realmente dispuestos a exponernos a nosotros mismos. Lo que se necesita, dice Gurdjieff, es sinceridad interna. Pero esta disposición a exponerse, a hacernos presentes a nosotros mismos, necesita del apoyo de condiciones especiales y de personas que puedan ayudarnos a retornar a nuestro hogar verdadero sobre esta tierra, nuestro cuerpo. Es necesario abrir las puertas de cada habitación, entrar en ellas e iluminarlas. Esto no es fácil, pero es posible.

Debemos recordar que solo a través de la sensación viva, “respiratoria” de la totalidad de nosotros mismos es que podemos vivir de forma más consciente y armónica. Esta sensación, libre de ser restringida por actitudes emocionales inconscientes que actúan sobre nuestros músculos y órganos, es en sí misma la sensación de vida, además del espacio y el silencio que se encuentran en su corazón.

Hablamos en exceso y no escuchamos lo suficiente de Eduard Punset

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Si me pidieran la causa de que los españoles tengan que pagar ahora a sus acreedores bastante más que otros deudores europeos, como los alemanes o los franceses; si me requirieran ahora para que explicara los malos resultados escolares de los españoles, comparados con los del resto de Europa; si tuviera que detallar las razones históricas de que hayamos tratado al resto de los animales tan mal o peor que a las personas y, en todo caso, peor que en los demás países de Europa, aduciría, por supuesto, el aislamiento histórico del que fuimos protagonistas durante gran parte de nuestra historia moderna pero también y sobre todo nuestra costumbre inveterada de hablar más de lo que escuchamos.

Aquí, casi todo el mundo tiende a explicar las razones por las que merecería estar en los altares; los argumentos esgrimidos frente a los que no quieren escuchar nuestro discurso; los detalles de comportamientos supuestamente desinteresados o de amor al prójimo; en definitiva, los pormenores que explican el que las cosas no sean como parecen y nuestras conductas, un dechado de virtud. Muy pocos quieren, por el contrario, escuchar a los demás. Éste es un país en donde no interesa lo que piensan los otros porque lo único que cuenta es aquello de lo que uno está convencido. “Y ahora me vas a oír –dicen–, por si no te has enterado.” ¡Tantos oídos pegados al móvil en la calle!

Ocurre en la vida de la pareja, en el sistema educativo y en el corporativo. En la construcción del nido que soporte la convivencia de mujer y hombre se pasa casi todo el tiempo intentando convencer al otro de algo. Él suele llegar enfurruñado y plagado de resquemores. Ella, sencillamente, no da abasto, puesto que ni los maridos, ni la sociedad ni el Estado se han enterado todavía de lo que supone hacer frente, a la vez y sin ayuda de nadie, al cuidado de los hijos, al trabajo, de fuera y de la casa; con el añadido, en un número creciente, de responsabilidades políticas hasta hace poco reservadas a los varones. No queda tiempo para escucharse uno al otro.

Saber escuchar no es algo que dependa únicamente de nuestra capacidad auditiva

¿Cuántas veces, al cerrar la puerta de mis clases de economía, tecnología o gestión emocional, no he constatado que había soltado mi rollo, en lugar de estar atento a lo que podía interesar a mis alumnos para ayudarlos a construir su futuro individual? Ya sé que esto no es fácil, porque no lo es conciliar la imparable personalización de la educación con la gestión colectiva normalizada en función de patrones heredados.

A nivel empresarial ocurre tres cuartos de lo mismo. ¿Alguien escucha atentamente al otro para descubrir fórmulas de trabajo más cooperativo? ¿Métodos o estilos más innovadores para solventar problemas? Además de analizar los procesos productivos, ¿hay algún jefe de departamento interesado en descubrir si sus empleados tienen la sensación de que son dueños de su trabajo, de que algo controlan de la empresa, o de su vida?

Recurro a una dentista para el cuidado de mi boca que es la mejor profesional que he conocido. Yo sé bien que con la boca llena de aparatos lo último que uno puede hacer es hablar; pero esto no es excusa para que ella no pare de explicar cómo se comporta el resto del mundo. Seguramente, hablamos en exceso y no escuchamos suficientemente a los demás, cuando por su experiencia o sentimientos experimentados nos podría interesar.

Casualmente, los neurólogos están constatando algo que sospechábamos: el cerebro gasta menos energía en observar el mundo exterior –las dimensiones y señales codificadas que le revelan lo que ocurre fuera son pocas y malas– que en elucubrar, experimentar e imaginar; si hablamos todo el rato, no puede hacerlo.
Autor: Eduard Punset 31 octubre 2010
fuente: Blog de Eduard Punset